In Finite Clock

demidiscoteca:


Graham CoxonA+EParlophone, 2012320 kbps. | 109 MB aprox.

Empezamos la semana por estos lares, y para comenzar elegimos seguir la tendencia que amenizó el inicio de la semana pasada; es decir, presentarles algunos de los álbumes más interesantes de entre los muchos que han salido este año, discos además que probablemente no recibirán la atención necesaria de parte de la siempre ignorante “prensa especializada” a la que guía el negocio y no el arte. Como nosotros no vemos un peso por esta tarea (?) nos encomendamos a seguir siempre el criterio artístico, el valor de las piezas por sí mismas y no por lo que los medios nos dicen siempre publicitariamente. En este caso, además, la presentación de su nuevo álbum nos permite saldar una imperdonable deuda que habíamos tenido con él, ese muchacho anteojudo (?) que además de ser un genio de las seis cuerdas se transformó en uno de los solistas más interesantes y geniales del Reino Unido. Hablamos de un muchacho que allá por 1989 se juntó con una banda que habían formado compañeros del Goldsmiths College londinense llamada Circus, que había perdido a su guitarrista original y necesitaba de su talento. Buena suerte para él hallar a estos muchachos, porque nunca más se fue (bah, casi nunca más) y la banda a la que le prestaba sus seis cuerdas se fue convirtiendo, en silencio pero a toda marcha, en uno de los grupos más importantes del rock inglés de los años ‘90, punta de lanza ellos de la que quizás fuera la movida más afamada en salir de Inglaterra desde el post-punk ochentoso, el brit pop. Obviamente que la banda de la que les hablamos es Oasis Blur, ese cuarteto liderado por el carilindo (?) Damon Albarn que tuvo en Graham Coxon -que de él se trata este post- a su fiel ladero, a la creatividad guitarrística necesaria para destacar a la banda por entre tantas otras de la misma época. El periplo de Coxon como el guitarrista líder de Blur duró unos cuantos años, ya que hasta el ‘99 -momento del hiato inicial del grupo- era el segundo al mando de la composición. El año anterior, ya demostrando que su intención era expandirse por fuera de las fronteras del brit pop y de su banda, Graham había escrito, grabado y editado prácticamente por las suyas las canciones de un folk-rock lo-fi notorio y descarnado que integrarían The Sky Is Too High, su primer disco solista, editado por la pequeña discográfica independiente Transcopic que fundó exclusivamente para sus propios lanzamientos. Este álbum, pese a ser recibido en silencio por la comunidad rockera británica, generó un notable cisma en las entrañas de Blur, enfatizado más aún por la salida, en 2000, del segundo disco en solitario de Coxon, The Golden D. Este álbum demostró la marcada diferenciación que existía entre la mentalidad musical de sus compañeros de grupo y la de Graham, ya que se trata de una colección de canciones (nuevamente compuestas, tocadas, grabadas y mezcladas por el propio Coxon) de un post-punk ruidoso, con guitarras estridentes y un sonido intencionalmente lo-fi. Para esa altura, los otros miembros de Blur (especialmente Albarn, con quien Graham siempre tuvo una silenciosa pero constante pelea por el liderazgo artístico y la dirección de la banda) estaban cada vez menos convencidos de que, terminado el momento de separación por el que estaban pasando, su guitarrista quisiera reunirse con ellos para volver a grabar. Esta sensación se trasladó, lógicamente, al público, y por eso sorprendió a muy pocos que allá por 2002, cuando Blur se reunió en Marrakesh para comenzar la grabación del sucesor de 13, Coxon confirmara que sus compañeros de banda le habían pedido que abandonase el proyecto. Poco le importó eso a Graham, igual, ya que en aquel momento estaba en una etapa particularmente creativa: después de The Golden D aparecieron, en años sucesivos, el melódico y sombrío Crow Sit On Blood Tree (2001) y el rockero The Kiss Of Morning (2002), primer disco en el que Coxon contó con una producción formal y una banda que lo acompañara, sugiriendo de manera nada disimulada que ya estaba listo para emprender una carrera en solitario.
Esta sensación quedó formalmente declarada cuando, en 2004, Coxon se reunió con el gran productor de Blur (y todo el brit pop, y mucha de la mejor música inglesa de los últimos años) Stephen Street, dando a entender que quería pasar de ser un solista indie a una figura reconocida en el ambiente de la música británica, cuestión que -a juzgar por su contribución a este movimiento- tiene bien merecida. Happiness In Magazines vendría a ser su primer disco como ex miembro de Blur. Editado por Parlophone (que ya a esa altura se había hecho con el catálogo de Transcopic) en 2004, mostraría una nueva y excitante faceta del talento inabarcable de Coxon al transformarlo de un solista oscuro y folk a un líder de banda de power pop, con grandísimas canciones y poderosas guitarras, con su voz bien al frente y mucha personalidad. Happiness In Magazines se volvió su disco más comercialmente idóneo, y pavimentó decisivamente la popularidad de la que Graham se sirvió para, dos años después, volver a aliarse con Street para otro disco pleno de grandes canciones, enormes ganchos y, por supuesto, toda la unicidad de la guitarra coxoniana: Love Travels At Illegal Speeds sería su mejor trabajo discográfico, una muestra extraordinaria de perfeccionismo pop con buenísimas canciones que le valió todavía más suceso en el ámbito de la música de su país y lo llevó incluso a tocar en festivales fuera del Reino Unido. Pero la mente de Coxon siempre está cambiando, y su discografía es la mejor muestra de ello. Después de una breve y accidentada reunión de Blur -en la que tuvo la necesaria probada de grandes escenarios, millares de público y demás excesos propios del mainstream- en 2009 el bueno de Graham volvió, aunque tangencialmente, a sus inicios en solitario. Porque The Spinning Top, su séptimo álbum de estudio, es una estupenda muestra del mejor folk inglés, un disco muy deudo de tipos como Nick Drake con una novedad: se trata de un álbum conceptual que recorre la vida de un hombre desde su nacimiento hasta su muerte. Imbuido de melodías y una calma permanente, se trata quizás del más acabado disco de los acústicos de Coxon, pero sería apenas una etapa. Porque después de tres años sin novedades de su parte, el siempre cambiante Graham nos sorprendió cuando, el pasado 2 de abril y a través de Parlophone, sacó su octavo álbum y nos volvió a asombrar. Porque el resultado de esos tres años sin novedades -en los que se dedicó a juntarla con pala (?) con Blur, claro está- fue una modificación absolutamente diametral entre su antecesor y este A+E que hoy les presentamos: si aquel era pastoral, calmo, conceptual y diáfano, este es caótico, sucio, guitarrero, filoso y oscuro. En efecto, Graham se cansó de hacer canciones de putito (?) y volvió a lo que mejor le sale: la distorsión y las ampulosas melodías. Temas llenos de ángulos y espinas como “Running For Your Life” (que encima tiene unos irresistibles ganchos, el mejor del álbum en la opinión de quien esto escribe) o la rockerísima apertura del disco “Advice” se entrecruzan con experimentaciones con la electrónica de una marcada oscuridad como “Meet+Drink+Pollinate” o “Knife In The Cast” en un A+E que muestra la faceta más plena de riesgos y ansias de novedad de un Coxon que nunca se detiene, que siempre está cambiando y que no deja de sorprender nunca, haciendo que cada uno de sus discos sea siempre un evento a esperar. En este caso, bien vale la espera, porque lo que aquí les ofrecemos es uno de los mejores álbumes de lo que va del año.
Que lo disfruten.

demidiscoteca:

Graham Coxon
A+E
Parlophone, 2012
320 kbps. | 109 MB aprox.

Empezamos la semana por estos lares, y para comenzar elegimos seguir la tendencia que amenizó el inicio de la semana pasada; es decir, presentarles algunos de los álbumes más interesantes de entre los muchos que han salido este año, discos además que probablemente no recibirán la atención necesaria de parte de la siempre ignorante “prensa especializada” a la que guía el negocio y no el arte. Como nosotros no vemos un peso por esta tarea (?) nos encomendamos a seguir siempre el criterio artístico, el valor de las piezas por sí mismas y no por lo que los medios nos dicen siempre publicitariamente. En este caso, además, la presentación de su nuevo álbum nos permite saldar una imperdonable deuda que habíamos tenido con él, ese muchacho anteojudo (?) que además de ser un genio de las seis cuerdas se transformó en uno de los solistas más interesantes y geniales del Reino Unido. Hablamos de un muchacho que allá por 1989 se juntó con una banda que habían formado compañeros del Goldsmiths College londinense llamada Circus, que había perdido a su guitarrista original y necesitaba de su talento. Buena suerte para él hallar a estos muchachos, porque nunca más se fue (bah, casi nunca más) y la banda a la que le prestaba sus seis cuerdas se fue convirtiendo, en silencio pero a toda marcha, en uno de los grupos más importantes del rock inglés de los años ‘90, punta de lanza ellos de la que quizás fuera la movida más afamada en salir de Inglaterra desde el post-punk ochentoso, el brit pop. Obviamente que la banda de la que les hablamos es Oasis Blur, ese cuarteto liderado por el carilindo (?) Damon Albarn que tuvo en Graham Coxon -que de él se trata este post- a su fiel ladero, a la creatividad guitarrística necesaria para destacar a la banda por entre tantas otras de la misma época. El periplo de Coxon como el guitarrista líder de Blur duró unos cuantos años, ya que hasta el ‘99 -momento del hiato inicial del grupo- era el segundo al mando de la composición. El año anterior, ya demostrando que su intención era expandirse por fuera de las fronteras del brit pop y de su banda, Graham había escrito, grabado y editado prácticamente por las suyas las canciones de un folk-rock lo-fi notorio y descarnado que integrarían The Sky Is Too High, su primer disco solista, editado por la pequeña discográfica independiente Transcopic que fundó exclusivamente para sus propios lanzamientos. Este álbum, pese a ser recibido en silencio por la comunidad rockera británica, generó un notable cisma en las entrañas de Blur, enfatizado más aún por la salida, en 2000, del segundo disco en solitario de Coxon, The Golden D. Este álbum demostró la marcada diferenciación que existía entre la mentalidad musical de sus compañeros de grupo y la de Graham, ya que se trata de una colección de canciones (nuevamente compuestas, tocadas, grabadas y mezcladas por el propio Coxon) de un post-punk ruidoso, con guitarras estridentes y un sonido intencionalmente lo-fi. Para esa altura, los otros miembros de Blur (especialmente Albarn, con quien Graham siempre tuvo una silenciosa pero constante pelea por el liderazgo artístico y la dirección de la banda) estaban cada vez menos convencidos de que, terminado el momento de separación por el que estaban pasando, su guitarrista quisiera reunirse con ellos para volver a grabar. Esta sensación se trasladó, lógicamente, al público, y por eso sorprendió a muy pocos que allá por 2002, cuando Blur se reunió en Marrakesh para comenzar la grabación del sucesor de 13, Coxon confirmara que sus compañeros de banda le habían pedido que abandonase el proyecto. Poco le importó eso a Graham, igual, ya que en aquel momento estaba en una etapa particularmente creativa: después de The Golden D aparecieron, en años sucesivos, el melódico y sombrío Crow Sit On Blood Tree (2001) y el rockero The Kiss Of Morning (2002), primer disco en el que Coxon contó con una producción formal y una banda que lo acompañara, sugiriendo de manera nada disimulada que ya estaba listo para emprender una carrera en solitario.

Esta sensación quedó formalmente declarada cuando, en 2004, Coxon se reunió con el gran productor de Blur (y todo el brit pop, y mucha de la mejor música inglesa de los últimos años) Stephen Street, dando a entender que quería pasar de ser un solista indie a una figura reconocida en el ambiente de la música británica, cuestión que -a juzgar por su contribución a este movimiento- tiene bien merecida. Happiness In Magazines vendría a ser su primer disco como ex miembro de Blur. Editado por Parlophone (que ya a esa altura se había hecho con el catálogo de Transcopic) en 2004, mostraría una nueva y excitante faceta del talento inabarcable de Coxon al transformarlo de un solista oscuro y folk a un líder de banda de power pop, con grandísimas canciones y poderosas guitarras, con su voz bien al frente y mucha personalidad. Happiness In Magazines se volvió su disco más comercialmente idóneo, y pavimentó decisivamente la popularidad de la que Graham se sirvió para, dos años después, volver a aliarse con Street para otro disco pleno de grandes canciones, enormes ganchos y, por supuesto, toda la unicidad de la guitarra coxoniana: Love Travels At Illegal Speeds sería su mejor trabajo discográfico, una muestra extraordinaria de perfeccionismo pop con buenísimas canciones que le valió todavía más suceso en el ámbito de la música de su país y lo llevó incluso a tocar en festivales fuera del Reino Unido. Pero la mente de Coxon siempre está cambiando, y su discografía es la mejor muestra de ello. Después de una breve y accidentada reunión de Blur -en la que tuvo la necesaria probada de grandes escenarios, millares de público y demás excesos propios del mainstream- en 2009 el bueno de Graham volvió, aunque tangencialmente, a sus inicios en solitario. Porque The Spinning Top, su séptimo álbum de estudio, es una estupenda muestra del mejor folk inglés, un disco muy deudo de tipos como Nick Drake con una novedad: se trata de un álbum conceptual que recorre la vida de un hombre desde su nacimiento hasta su muerte. Imbuido de melodías y una calma permanente, se trata quizás del más acabado disco de los acústicos de Coxon, pero sería apenas una etapa. Porque después de tres años sin novedades de su parte, el siempre cambiante Graham nos sorprendió cuando, el pasado 2 de abril y a través de Parlophone, sacó su octavo álbum y nos volvió a asombrar. Porque el resultado de esos tres años sin novedades -en los que se dedicó a juntarla con pala (?) con Blur, claro está- fue una modificación absolutamente diametral entre su antecesor y este A+E que hoy les presentamos: si aquel era pastoral, calmo, conceptual y diáfano, este es caótico, sucio, guitarrero, filoso y oscuro. En efecto, Graham se cansó de hacer canciones de putito (?) y volvió a lo que mejor le sale: la distorsión y las ampulosas melodías. Temas llenos de ángulos y espinas como “Running For Your Life” (que encima tiene unos irresistibles ganchos, el mejor del álbum en la opinión de quien esto escribe) o la rockerísima apertura del disco “Advice” se entrecruzan con experimentaciones con la electrónica de una marcada oscuridad como “Meet+Drink+Pollinate” o “Knife In The Cast” en un A+E que muestra la faceta más plena de riesgos y ansias de novedad de un Coxon que nunca se detiene, que siempre está cambiando y que no deja de sorprender nunca, haciendo que cada uno de sus discos sea siempre un evento a esperar. En este caso, bien vale la espera, porque lo que aquí les ofrecemos es uno de los mejores álbumes de lo que va del año.

Que lo disfruten.

A long time ago in a galaxy far far away.

(via rockandgod)

aronofskie:

So my boyfriend and I went to a really tiny super sketchy theater last night to see The Flowers of War because it wasn’t playing anywhere else. By the first 10 minutes, all I was thinking was “what the fuck did I just get myself into?” This movie embodies the epitome of the word “epic.” There are definitely some rough scenes, one in particular made my stomach weak, that are almost unbearable. However, Bale definitely delivered his strongest performance. I’m not too big on Chinese cinema but this was a healthy medium. Yes, there are subtitles, but only for about half the film, as Bale’s character speaks in English to those in the film who could also speak English. The film had beautiful cinematography, that is for sure. I definitely recommend this film to those who like substance. This movie is not light. And it is not short. We’re talking 2.5 hours. But I would give it a watch. It made me really appreciate the life that I have, and the country I live in. I don’t think I could watch this movie again. Ever.

Peliculón.